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Crónica:FÚTBOL | Décima jornada de Liga

Osasuna rompe moldes en Anoeta

El conjunto navarro por fin consigue marcar y ganar en el campo de la Real y afianza su liderato

Ni las maldiciones ni las estadísticas hacen temblar a Osasuna, otrora equipo medroso y conformista. En Anoeta, además de no haber ganado jamás y no haber logrado ni tan siquiera un tanto en las tres visitas con Aguirre como entrenador, el equipo navarro se enfrentaba contra sí mismo, contra sus desgracias y sus desatinos, sus nervios por el liderato inesperado y la presión que se respira por encima de los ocho mil metros, en la estratosfera de la Liga.

Y salió adelante, con muchos méritos y rígida disciplina, ese condimento que convierte a los equipos simples en potentes máquinas de ataque y defensa. Osasuna es líder por convencimiento. La Real Sociedad, en una tarde muy emotiva, no pudo aguantar el pulso de fuerza bruta ofrecido por los rojillos. El choque resultó otro déjà vu, a lo antes visto, de los navarros: abierto, con ritmo de ida y vuelta, escasez de fútbol y más amor propio para afrontar las adversidades que definición.

REAL SOCIEDAD 1 - OSASUNA 2

Real Sociedad: Riesgo; López Rekarte, Labaka, Jauregi, Garrido (De Paula, m. 81); Xabi Prieto, Mikel Alonso (Barkero, m. 61) Álvaro Novo, Aranburu; Nihat y Kovacevic.

Osasuna: Ricardo; Javier Flaño, Cuéllar, Miguel Flaño, Corrales; Puñal, Raúl García; Valdo, Webó (Fran Moreno, m. 74), Delporte (Moha, m. 81); y Milosevic (Josetxo, m. 83).

Goles: 0-1. M. 34. Cabezazo de Raúl García a pase de Corrales. 1-1. M. 44. Xabi Prieto, de penalti. 1-2. M. 68. Cuéllar, de cabeza tras el bote de una falta.

Árbitro: Velasco Carballo. Amonestó a Webó, Milosevic, Jauregi, Valdo y Corrales.

Unos 28.000 espectadores en Anoeta. Se rindió un homenaje al ex jugador y ex técnico donostiarra Alberto Ormaetxea, fallecido recientemente.

Los locales salieron motivados y con enormes ganas de agradar, tal vez espoleados por el espíritu de su fallecido ex técnico Alberto Ormaetxea, pero se encontraron sin aceite en el medio del campo, lo que hizo chirriar su desarrollo ofensivo. Osasuna también saltó respondón y el encuentro se movió a impulsos eléctricos, con una enorme oportunidad de Webó que no consiguió definir ante la meta de Riesgo. La Real dominaba el cuero pero sólo Nihat sembró dudas durante el primer tercio del duelo.

Con el paso de los minutos, los jugadores perdieron tensión paulatinamente y el ritmo se redujo. Milosevic, general en mando de los rojillos, luchó otra pelota más en la medular, la abrió a la banda izquierda para buscar el recorrido de Delporte, bastante incisivo, y éste la puso en la frontal del área pequeña. Milosevic trató de contactar el balón con un potente salto, pero Raúl García, firme, aguantó el empujón de su compañero y conectó un cabezazo imparable ante la pasividad de la defensa local. La cantera volvía a ofrecer resultados tangibles.

La actuación de Savo Milosevic motivó a su amigo y compatriota Kovacevic. Cuando los jugadores rojillos aún no habían retomado sus posiciones tras la celebración del tanto, el nueve blanquiazul envió el balón al larguero defendido por Ricardo. El rechace trató de olisquearlo Nihat, con su habitual velocidad, pero el golpeo resultó muy flojo. Tras un parón de cinco minutos, otra vez alto voltaje. La Real empezó el asedio: apertura a las bandas, saques de esquina y balones jugados al pie hasta marear a los navarros.

El resultado llegó hasta el borde del descanso. Entonces, Valdo cometió el típico error de un jugador de ataque que defiende. Entró en el área desmadejado para cubrir a su par y el pase lateral le golpeó en el brazo involuntariamente, pero impidió que Nihat conectase el remate. Velasco Carballo se lanzó al punto de penalti y Xabi Prieto consiguió su cuarto tanto en Liga, tres de ellos de pena máxima, con un lanzamiento muy ajustado al palo derecho que rozó en el guante de Ricardo.

Descanso y a empezar a montar el puzzle de nuevo. En años anteriores, Osasuna habría vuelto al campo a temporizar, aguantar y tratar de aprovecharse de los errores. Pero en esta campaña ocurre todo lo contrario. Como a los equipos campeones, las desgracias agrandan a los futbolistas y les convierten en temibles. No es calidad sino fútbol de manual, de intención y persistencia. El viejo truco de estar más concentrado que el rival y no desenchufarse en los 90 minutos es lo que mantiene a los de Aguirre en cabeza.

El partido vivió bajo el dominio realista, aunque sin ocasiones reseñables mientras Osasuna se inflaba poco a poco. Aguantó golpes y se mantuvo en pie. Paso siguiente, comenzar el ataque. Milosevic, en un doble y espectacular remate, primero con la cabeza y luego con el pie, obligó a lucirse a Riesgo dos veces en sólo un segundo. Tres minutos después, en el 68, Puñal botaba una falta desde el extremo diestro del ataque navarro y Cuéllar, tras adelantarse a dos marcadores, remataba de cabeza en boca de gol. El tiempo que quedaba ya fue más una partida de ajedrez que un duelo futbolístico. Aguirre echó a su equipo un poco más atrás para buscar los contragolpes y Amorrortu buscó a De Paula en el banquillo para llevar el juego al área de Ricardo.

Homenaje a un mito

El fútbol vasco, con su idiosincrasia particular, ha sabido recoger las grandezas del primer ideal deportivo inglés. Los jugadores se vinculan de por vida a un club y nadie olvida sus sacrificios y esfuerzos. Ayer se vivió el último ejemplo. Minutos antes de las seis de la tarde, casi medio centenar de ex jugadores realistas rindieron homenaje a Alberto Ormaetxea, fallecido el pasado 28 de octubre en su casa de San Sebastián. Dos generaciones históricas y la actual plantilla formaron un círculo alrededor de la mujer de Ormaetxea, Celia, y sus dos hijos, Alberto y Ainhoa.

Y es que Ormaetxea vivió el éxito con la consecución de dos Ligas en las temporadas 80-81 y 81-82, pero también sufrió las desventuras de la Segunda en los años sesenta, en esta ocasión como jugador. Compañeros como Gorriti, Abasolo, Usandizaga, Urreisti, Gorriti, Arregui, Gaztelu, Cacho o Corcuera, entre otros, recordaron con emoción a Ormaetxea, con el que la Real consiguió su último ascenso a Primera, hace ya 28 temporadas, en 1967.

Once años después, Ormaetxea tomó las riendas del primer equipo donostiarra. El club se hizo grande en el mítico campo de Atocha y se alzó con dos campeonatos de Liga consecutivos. Todos se abrazaron ayer sobre el césped de Anoeta alrededor de la familia Ormaetxea mientras el público guardaba un minuto de silencio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de noviembre de 2005

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